Los Premios Nobel también saben bailar

El último día del Lindau Meeting nos levantamos pronto pues había que tomar el barco a la isla de Mainau, un hermoso paraje en mitad del lago de Constanza, donde tiene su palacio, bosque de redwoods, jardín de flores y mariposas tropicales la condesa Bettina Bernadotte, Presidenta del Consejo y miembro de la Fundación del Lindau Nobel Meeting. Allí escuchamos una magnífica discusión a cuatro bandas sobre el problema de la energía a nivel mundial, con Bob Laughlin, Carlo Rubbia, Martin Keilhacker y Georg Schutte como invitados de honor. Un interesantísimo debate que intentó buscar soluciones para el futuro y que se cerró con una serie de preguntas muy acertadas de los jóvenes investigadores que asistían al Meeting. A continuación nos fuimos a comer “frugalmente”.

La presentación antes de la Discusión por el Futuro de las Fuentes y Almacenamiento de la Energía.

El resto del día pudimos deambular por la isla, famosa por sus jardines, llenos de aves de todo tipo, una rosaleda con especies muy raras, estanques con nenúfares, estatuas antiguas, vías de agua con cataratas, bosques de Sequoia Sempervirens, etc. Pero lo más exótico es, sin duda, el invernadero con mariposas tropicales, donde los invitados, Nobeles y no tan noveles, pudieron admirar especies como la Morpho Menelaus, de un intenso color azul metálico, o la Greta Oto de alas transparentes, en un ambiente húmedo y cálido que nos hacía sentir en otro lugar bien distinto a Suiza, en una semana caracterizada por lluvias, frío y poco sol.

Los gusanos pasan desapercibidos entre las hojas, convirtiéndose en crisálidas, y éstas más tarde en preciosas mariposas.

Después del discurso de despedida, a cargo de nuestra encantadora condesa Bettina y de un emocionado Brian Schmidt, iniciamos nuestra vuelta en barco a Lindau. En este viaje de poco más  de dos horas pudimos admirar en directo la destreza en el baile de nuestra pareja preferida, Brian y Bettina. El cameraman del evento no daba crédito a sus ojos. Era la primera vez que veía bailar a un premio Nobel en Lindau, agarrado a cualquier joven que estuviera dispuesta a seguirle. Hasta que la propia condesa se dejo cautivar, al son de un rock&roll trepidante con vueltas y revueltas, rodeados de estudiantes que aplaudían al son de la música. Así estuvieron bailando media hora por lo menos; fue un gran espectáculo, colofón de una semana fascinante que será difícil olvidar.

Brian Schmidt y Bettina Bernadotte bailando un rock&roll rodeados de jóvenes.

Cuando nos acercábamos a Lindau, nos rodeó el barco de bomberos del lago, lanzando enormes chorros de agua al alto, en un gesto de despedida emocionante, al que respondió la condesa con cariño desde la proa del barco.

El barco de bomberos se despide con un jet de agua...

... mientras Bettina saluda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Vaya despedida!

 

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